miércoles, 22 de abril de 2009

Salud pública, salud mental y comunicación


Por Santiago Diehl *

La inminente presentación en el Congreso de un proyecto de Servicios de Comunicación Audiovisual en reemplazo de la vieja Ley de Radiodifusión 22.285, sancionada por la última dictadura, es una buena razón para profundizar una cuestión que viene estando ausente en el debate: la relación entre los medios de comunicación, la salud pública y la salud mental.

Para eso es útil repasar algunas nociones elementales de psicología y comunicación, empezando por la idea misma de mente. El psicólogo ruso Lev Vigotsky, padre de la escuela sociohistórica, postuló que la mente construye cada identidad en un proceso que va de lo interpersonal a lo intrapersonal. El diálogo con otros, la familia especialmente, se transforma poco a poco en esa voz interna con la cual dialogamos a lo largo de la vida. Su teoría constructivista es muy valiosa porque vincula al individuo con la cultura, en abierta crítica a otras escuelas de psicología que imaginaban la posibilidad de un individuo aislado en su propia isla mental. En la actualidad, nuevas teorías de la mente rescatan esta dialogicidad entre un yo (ego) y un otro (alter) como el dispositivo básico de creación de las representaciones sociales. Vale decir que nuestro yo, nuestros valores e ideas, son el resultado de toda una serie de interacciones que sostenemos con otros. A la socialización primaria con la familia se suma luego la escuela, “el segundo hogar”. Sin embargo, cada vez más, los medios de comunicación de masas fueron constituyéndose en un factor decisivo e ineludible del proceso de socialización. Un hogar para la mente disponible a toda hora, en prácticamente cualquier lugar. En sociedades modernas como la nuestra, en las que el tiempo es un bien escaso para la mayoría de la población, los grandes medios de comunicación, en particular la televisión, simplemente encajan en el modo de vida y dan soluciones a un sinfín de situaciones habituales: niños que pasan horas y horas frente a esa niñera que los tiene quietitos mientras sus padres trabajan, duermen, salen o comparten tiempo con amigos o amoríos; adultos que también encuentran en ella su chupete electrónico para ir a dormir, o un parlanchín comensal con el cual compartir la cena, solos o en familia.

La TV, especialmente, por su fácil accesibilidad, es la principal fuente de información de más del 50 por ciento de la población, tal como comprobó hace dos años la encuesta sobre hábitos informativos de los argentinos realizada por el Sistema Nacional de Consumos Culturales, de la Secretaría de Medios de la Nación. Los diarios son las usinas de ideas y editorialización que establecen la agenda temática y fijan posición; las radios difunden, acompañan y enriquecen con su ida y vuelta con el público; pero es la TV la que bombardea las mentes 24-7 (24 horas, siete días a la semana) con una batería hipersensual de imagen, animación, texto, palabras, música y sonido. Al tocar todo el piano emocional de nuestro sistema nervioso, por su poder para acaparar nuestra atención y nuestro tiempo mental, la TV se convierte en una de las formas básicas de construcción del lazo social, del sentido común. La productora de contenidos de nuestras charlas en el café, el almacén, el ascensor, el almuerzo en la oficina, las cenas entre amigos o en familia.

Esta capilaridad en el alcance de los medios es la que explica su poder para instalar temas, crear climas de opinión y alterar el humor social.

Las principales técnicas por las cuales la información actúa directamente sobre el contenido de nuestro pensamiento son dos. La más potente focaliza la atención social, privilegiando algunos temas por sobre otros (agenda-setting) que quedan en la sombra. La otra gran técnica es encuadrar la información de una forma tal que, por lo general, no deja lugar a dudas acerca de las conclusiones a extraer. Ante esta situación, el paradigma actual en investigación acerca del poder de los medios apunta a demostrar la influencia en el largo plazo de su diario gotear ideológico.

En nuestro país, uno de los efectos imprevistos –o no tanto– del largo y manoseado conflicto por los derechos de exportación fue, sin dudas, poner sobre el tapete el rol de los medios de comunicación en el decurso político de la sociedad. Esto es, poner en discusión que los medios sean espejos neutrales de una realidad social dada y empezar a concebirlos como actores que intervienen activamente en su construcción. En especial, se hizo evidente que un mercado de medios monopolizado puede suponer un riesgo para la democracia. La realidad argentina no es muy distinta en esto a la del resto de Latinoamérica: pequeñas comarcas nacionales dominadas por grandes gigantes multimediáticos es el paisaje típico de la región. Basta con mirar la feroz disputa simbólica que deben enfrentar los gobiernos de Bolivia y Venezuela, por ejemplo. El efecto psicológico perseguido por los dueños de las cadenas de TV, en procura de horadar la base de sustentación política de los gobiernos, es poner a sus votantes y apoyos a la defensiva ante un envío continuo y masivo de disonancia cognitiva. Pintar una supuesta mayoría de opinión que condene al pueblo al ostracismo y al desánimo: tal es el fenómeno de la espiral de silencio.

En lo que a la salud pública respecta, conviene recordar que “la salud mental es mucho más que la ausencia de enfermedad. Es un proceso determinado histórica y culturalmente en la sociedad, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social, vinculada a la concreción de los derechos”. La definición, tomada de la avanzada Ley de Salud Mental porteña, sirve de marco a la necesidad de regular los monopolios informativos a fin de garantizar las condiciones para que el derecho a la salud mental pueda ejercerse. Sin ir más lejos, un pequeño y grotesco ejemplo de los efectos con que el monólogo de los medios afecta la salud mental son aquellos apacibles pueblos del interior del país en los que existe temor a los secuestros extorsivos, con casos que derivan incluso en consumo de ansiolíticos. La jueza de la Corte Suprema Carmen Argibay tiene razón cuando dice que los medios magnifican los casos de inseguridad, y ello obedece puramente a la lógica misma de su razón comercial de ser, en tanto su foco se guía por lo truculento y lo dramático. El resultado –ya lo dijo mejor la Bersuit– es que paranoiquean a la población.

Que en el continente más desigual del planeta la inseguridad sea puesta tan alto en la agenda pública, relegando la cuestión de la distribución del ingreso y aun ignorando la probada relación existente entre ambos temas, dice mucho de lo que los monopolios mediáticos han estado haciendo con la salud mental de los ciudadanos y ciudadanas argentinos. Es hora de empezar a construir un país menos alienado y, regulación de la comunicación audiovisual mediante, mentalmente más sano.

* Licenciado en Psicología (UBA), master en Política y Comunicación (LSE).

domingo, 12 de abril de 2009

Unidos por el Rock

Bailemos al ritmo de los políticos, que para junio falta poco !!!

Raúl (el santo), Lilita y el comité

En la política como en el amor parece que todo vale con tal de llegar al orgasmo (o a la consagración del poder). Ver a Lilita cerrando filas con la UCR con vistas a las próximas elecciones es una muestra más de como el escorpión se sube al lomo del caballo para intentar cruzar el rio. Pero está en la naturaleza de esos bichos ahogarse en la mitad de la corriente.

Si andan secos de vientre les dejo esta fórmula:

Foto:



Más video (gracias Lucas !!):



...es igual a una real cagada radical.

viernes, 3 de abril de 2009

Democracia, paternidad y muerte


Por Eduardo de la Serna *

Frente a la muerte, parece que todos los grises se diluyen y todo pasa a ser blanco o negro. Y reclamar derechos humanos por delincuentes asesinados es perverso, o cuestionar cosas de muertos honorables es casi criminal.

Murió Alfonsín, y se empiezan a escuchar todo tipo de elogios: de los sensatos, los verdaderos, los exagerados y los falsos de toda falsedad. El que más se escucha es el de “padre de la democracia”. Y no se escuchan comentarios críticos, casi como si hacerlo fuera un atentado a la misma democracia. Y personalmente quisiera decir algo.

No lo voté a Alfonsín, y me angustié cuando ganó. Toda mi vida creí y sigo creyendo que los radicales hablan bien, son honestos, pero no sirven para gobernar. Y no es lo mismo ser honesto que ser ejecutivo. Esto no me transforma en abanderado del “roban, pero hacen”, aunque ese dicho algo indica.

Pero debo decir que “padre de la democracia” me parece excesivo ¡y falso! La democracia fue engendrada por una larga lista de cosas: desde errores abominables de la dictadura (desde lo económico a la guerra de Malvinas), el genocidio, que traspasó las fronteras, la lucha externa e interna por los derechos humanos e incluso las luchas sindicales, políticas y sociales (la huelga del 30 de marzo de 1982, la multipartidaria, “las urnas están bien guardadas”, etc.). Todo esto podría resumirse en decir “la gente”, “el pueblo” o como se prefiera, ellos son los padres de la democracia.

Sin duda alguna, Alfonsín fue un artífice importantísimo en la recuperación de la democracia, pero en un primer momento la multipartidaria –conformada por el PJ (Bittel), UCR (Alfonsín, Contín), PDC (Auyero, Cerro), PI (Alende) y el MID (Frigerio, Frondizi) y la CGT Brasil (Ubaldini)– tuvo una activísima participación en dicha recuperación. Cuando ya la democracia era inminente, Alfonsín rompió la multipartidaria, porque parecía que servía a su proyecto político, como lo fue también la denuncia nunca comprobada del pacto militar-sindical. Muchos afirmarán hoy que fue lo mejor que nos podía pasar, ya que Luder no garantizaba la vigencia de los derechos humanos (había hablado de la imposibilidad de derogar la autoamnistía militar). Es probable, aunque nunca podríamos saberlo sin entrar en política-ficción. Simbólicamente, su decisión de asumir el 10 de diciembre, día de los derechos humanos, fue impecable. E índice de lo que vendría. El juicio a las juntas militares fue un paso importante, aunque muchos creemos que no se quería pasar de allí (¿por qué el general Harguindeguy no entró en ese juicio?, ¿deudas de ex compañeros de liceo militar?). Las leyes de obediencia debida y punto final parecen demostrarlo.

El enfrentamiento a un mismo tiempo a los militares, a los poderes económicos, a los sindicatos, la Iglesia, los organismos de crédito parece una insensatez política. Los resultados parecen demostrarlo: un sindicalista terminó ministro de Trabajo, el Plan Austral y el Plan Primavera, la “tablita”, los créditos del FMI, las leyes de impunidad... El poder se fue licuando a cada momento, lo que no impedía que surgieran cosas importantes: la paz con Chile y el nacimiento del Mercosur fueron emblemas de esto. Pero también lo fue la hiperinflación, lamentablemente. Y el abandono anticipado del poder.

Es cierto que después vino el menemismo, y la Alianza. Esto merecería también un análisis. La corrupción encarnada y la ineficacia e inacción personificadas fueron emblemas, pero fueron también muchos votos de apoyo (igual a ¿democracia?). Pero también de “aprender a los golpes”.

En tiempos duhaldistas, Alfonsín fue senador. Y podemos recordar que fue él el fotografiado cuando ante el nombramiento de un juez decía “cajonear”, y fue él quien se burló de nuestra inteligencia “explicando” que “cajonear quiere decir investigar, activar...”. También fue el del Pacto de Olivos, es decir, el que cedió ante el menemismo que avanzaba impunemente contra la Constitución nacional. ¿Que en el “Pacto” logró cosas interesantes como el Consejo de la Magistratura y la incorporación de los tratados internacionales a la Constitución? No hay dudas. Y también logró el tercer senador para que el radicalismo –en vías de extinción– no desapareciera.

Se afirma que fue un demócrata. ¡Creo que es indudable que lo fue! Que fue honesto, ¡no lo dudo! Una persona de convicciones... Personalmente estoy de acuerdo con eso. Pero no me basta: eso no lo transforma, para mi gusto, en un ejemplo, o un prócer. Ver muchos infrapolíticos junto al féretro en estas horas me revuelve las “tripas políticas” (como recordar los festejos del menemismo cuando venció a Kirchner en la primera vuelta, y ver a los indeseables en el hotel Presidente).

Parece que la muerte nos transforma a todos en ángeles o demonios, y este momento tan duro parece que “ensucia” la muerte de personas como Alfonsín si se dicen palabras críticas a su persona. Murió una persona honesta, un político de raza (con sus virtudes y defectos políticos), un símbolo de la democracia. Pero no acepto que me digan que era “el padre de la democracia”, porque no lo era, no lo reconozco como “mi padre”, y quiero una democracia mucho mejor que la que él nos dejó: una democracia con la que de verdad “se coma, se eduque y se trabaje”.

* Movimiento Carlos Mugica de sacerdotes en la opción por los pobres.

jueves, 2 de abril de 2009

La muerte del piloto (o la resurrección de Taylor)


1903 fue un año muy importante para la aviación. Es recordado en los libros de historia, en los libros del mundo aeronáutico como el año en que Wilbur y Orville Wright volaron por primera vez el Flyer 1. Los dos hermanos fueron los bicicleteros más famosos al transformarse en los primeros pilotos que volaron un artefacto más pesado que el aire que a su vez era autopropulsado. Y esto de primeros no es tan así. En realidad fueron los primeros en documentarlo. El francés Clément Ader, el aleman Karl Jatho y el neozelandes Richard Pearse consiguieron hacer volar aeronaves más pesadas que el aire, impulsadas por motores de combustión interna, con anterioridad a los hermanos Wright. Pero parece que no era común tener celulares con cámaras a mano en aquellos tiempos, y no pasaron a la historia como los muchachos de Kitty Hawk.

Lo cierto es que en toda esta historia de los inicios de la aviación hay un gran olvidado: Charles E. Taylor. Quién lo recuerda ? Quién fue ?

Taylor fue un participante silencioso pero esencial del éxito de los hermanos Wright. En solo seis semanas construyó el motor de 12 Hp que propulsó el primer vuelo exitoso del Flyer I. En la mañana del 17 de diciembre de 1903, en la base de Kill Devil Hills, los hermanos Wright hicieron historia volando exitosamente el primer avión propulsado. Este logro no hubiera sido posible si no hubiese estado Charles Edward Taylor, el hombre responsable del diseño, desarrollo y producción del primer motor aeronáutico. A pesar de todo, casi todo el mundo saben quienes fueron Wilbur y Orville Wright, pero muy pocos (casi nadie) escuchó nombrar a Charles E. Taylor. Pareciera que la maldición del mecánico existiese desde que se gestó el embrión que dio nacimiento a la aviación.

A pesar del olvido histórico, la labor de pilotos y mecánicos iban de la mano desde el mismísimo comienzo de los vuelos tripulados. Tanto que hasta sus roles se mezclaban. Era usual ver que tanto el trabajo de unos como de los otros recaían en la misma persona. Quién inspeccionaba la máquina, le cargaba combustible, verificaba el normal funcionamiento de los sistemas luego se subía a ese artefacto del demonio y se disponía a volar. Para luego de llegar a quién sabe que destino, bajarse del aerodino y recomenzar ese círculo virtuoso de mecánico-piloto-mecánico, que permitía transportar correo, carga y algún que otro arriesgado pasajero. Luego, el avance tecnológico y la complejidad del los vuelos hicieron que los roles se diferenciaran cada vez más. Y eso está bien. Lo malo, es que a partir de esa diferenciación de roles, se jerarquizó el trabajo de unos y se relegó, se ocultó, se minimizó si se quiere el trabajo de otros, así como la historia se olvidó de Taylor. En el inconsciente colectivo ser piloto es sinónimo de aviación; ser mecánico es sinónimo de uñas negras, olor a nafta, o como definen los sajones, son greases monkies o monos grasosos. Qué forma de mierda de identificarnos! Quién no tuvo la incómoda experiencia de responder a una simple pregunta como Dónde trabajas ? Y al responder que uno trabaja en una empresa aérea vuelve otra pregunta como obligada: Ah, sos piloto ? No, solo arreglo lo que ellos rompen, es la forma más cortés que me sale de respuesta, mientras neutralizo un Qué carajo te importa?

Nada ha sucedido, hasta hoy, para modificar esto que es injusto. Y nadie lo modificará, salvo el tiempo. Y digo esto porque anoche tuve un sueño. Un sueño con rasgos premonitorios, como si fuera el sueño de un adivino que recibe la esencia sobrenatural de lo que va a acontecer. En mi sueño vi el pasado y vi el futuro. Y vi un pasado donde piloto, segundo, mecánico de abordo, navegante y operador de radio eran los cinco miembros de una tripulación técnica de vuelo. Y los mecánicos ahí estaban para cuidar de las aeronaves. Y vi que gracias al avance tecnológico, se pudo prescindir del operador de radio. Y más tarde de los navegantes. Y los mecánicos ahí estaban para cuidar de las aeronaves. Y hoy día están desapareciendo los técnicos de vuelo. Y la tripulación se estandariza solo con un piloto y un segundo. Y los mecánicos ahí están para cuidar de las aeronaves. En un futuro no muy lejano, quizás dentro de 20 o 30 años, con un solo piloto bastará para volar. Y un tiempo después ya no serán más necesarios. El avión estará diseñado para hacer un vuelo completo perfectamente solo, automático, sin la intervención de ningún piloto. Pero aunque esto suceda, alguien tendrá que mantenerlo. Alguien deberá inspeccionar los sistemas autónomos, las computadoras avanzadas. O al menos alguien deberá de cargar combustible. Por eso en mi sueño el cockpit será modificado. Solo existirá un asiento que será de primera clase, un galley completo, bien equipado y una notebook que se pueda jugar al tetris o al FS4 para rememorar épocas del pasado. Y ese asiento lo ocupará el mecánico, el único tripulante técnico que cumplirá su rol de apoyo. Y adelante, justo debajo de la ventana y al lado del computador primario del monitorización de sistemas, habrá una foto blanco y negro, emblemática y silenciosa, de nuestro primer gran olvidado.

miércoles, 1 de abril de 2009

Negro del orto !! (Cummings dixit)

Los terroristas blancos no venden



Radar - 29/03/09

Una "bomba sucia" es una bomba que combina explosivos convencionales con material radioactivo , sirviéndose de lo primero para dispersar lo segundo. Nunca explotó ninguna de éstas en ninguna parte del mundo, aunque se encontraron varias sin detonar.
Las "bombas sucias" se convirtieron en el cuco número uno de la administración Bush. Todo tipo de requisa, de paranoia, de persecuciȯn, eran justificadas porque había terroristas islámicos, supuestamente, trabajando contra reloj para fabricar este tipo de bombas. Sin embargo, el primer intento de construir una "dirty bomb" que se descubrió en los Estados Unidos fué realizado por un supremacista blanco, que buscaba detonarla el día de la asunción de Obama.
Todo empezó como un caso de abuso doméstico. Amber Cummings matȯ a su marido de un disparo, luego de lo que según ella fueron años de abusos mentales, físicos y sexuales por parte del finado, James Cummings. Cuando la policía entró para investigar el homicidio. se encontró con material radiactivo (uranio, torio, litio, y más), y un montón de papeles acerca de cómo construir una "bomba sucia".
Amber cuenta que su marido estaba "muy alterado" por la victoria de Barack Obama. La bomba, entonces, sería para detonar durante su asunción, en un evento terrorista sin predentes.
La noticia dentro de la noticia es que ningún medio quiso hablar del tema. Si hubiera sido un terrorista islámico, tal vez habría sido tapa de todos los diarios. Pero, a quién le interesa un terrorista blanco, que recientemente se había afiliado al Partido Nacional Socialista, un grupo nazi?
El reporte del caso se filtró en wikileaks, un sitio para publicar documentos anónimamente, y luego salió la noticia en Bangor Times, un periódico local. Varios blogs comentaron la noticia, pero ningún diario nacional quiso saber nada.
La primera bomba sucia descubierta en territorio norteameriacano, construída por un millonario nazi, y no es noticia ?