jueves, 2 de abril de 2009

La muerte del piloto (o la resurrección de Taylor)


1903 fue un año muy importante para la aviación. Es recordado en los libros de historia, en los libros del mundo aeronáutico como el año en que Wilbur y Orville Wright volaron por primera vez el Flyer 1. Los dos hermanos fueron los bicicleteros más famosos al transformarse en los primeros pilotos que volaron un artefacto más pesado que el aire que a su vez era autopropulsado. Y esto de primeros no es tan así. En realidad fueron los primeros en documentarlo. El francés Clément Ader, el aleman Karl Jatho y el neozelandes Richard Pearse consiguieron hacer volar aeronaves más pesadas que el aire, impulsadas por motores de combustión interna, con anterioridad a los hermanos Wright. Pero parece que no era común tener celulares con cámaras a mano en aquellos tiempos, y no pasaron a la historia como los muchachos de Kitty Hawk.

Lo cierto es que en toda esta historia de los inicios de la aviación hay un gran olvidado: Charles E. Taylor. Quién lo recuerda ? Quién fue ?

Taylor fue un participante silencioso pero esencial del éxito de los hermanos Wright. En solo seis semanas construyó el motor de 12 Hp que propulsó el primer vuelo exitoso del Flyer I. En la mañana del 17 de diciembre de 1903, en la base de Kill Devil Hills, los hermanos Wright hicieron historia volando exitosamente el primer avión propulsado. Este logro no hubiera sido posible si no hubiese estado Charles Edward Taylor, el hombre responsable del diseño, desarrollo y producción del primer motor aeronáutico. A pesar de todo, casi todo el mundo saben quienes fueron Wilbur y Orville Wright, pero muy pocos (casi nadie) escuchó nombrar a Charles E. Taylor. Pareciera que la maldición del mecánico existiese desde que se gestó el embrión que dio nacimiento a la aviación.

A pesar del olvido histórico, la labor de pilotos y mecánicos iban de la mano desde el mismísimo comienzo de los vuelos tripulados. Tanto que hasta sus roles se mezclaban. Era usual ver que tanto el trabajo de unos como de los otros recaían en la misma persona. Quién inspeccionaba la máquina, le cargaba combustible, verificaba el normal funcionamiento de los sistemas luego se subía a ese artefacto del demonio y se disponía a volar. Para luego de llegar a quién sabe que destino, bajarse del aerodino y recomenzar ese círculo virtuoso de mecánico-piloto-mecánico, que permitía transportar correo, carga y algún que otro arriesgado pasajero. Luego, el avance tecnológico y la complejidad del los vuelos hicieron que los roles se diferenciaran cada vez más. Y eso está bien. Lo malo, es que a partir de esa diferenciación de roles, se jerarquizó el trabajo de unos y se relegó, se ocultó, se minimizó si se quiere el trabajo de otros, así como la historia se olvidó de Taylor. En el inconsciente colectivo ser piloto es sinónimo de aviación; ser mecánico es sinónimo de uñas negras, olor a nafta, o como definen los sajones, son greases monkies o monos grasosos. Qué forma de mierda de identificarnos! Quién no tuvo la incómoda experiencia de responder a una simple pregunta como Dónde trabajas ? Y al responder que uno trabaja en una empresa aérea vuelve otra pregunta como obligada: Ah, sos piloto ? No, solo arreglo lo que ellos rompen, es la forma más cortés que me sale de respuesta, mientras neutralizo un Qué carajo te importa?

Nada ha sucedido, hasta hoy, para modificar esto que es injusto. Y nadie lo modificará, salvo el tiempo. Y digo esto porque anoche tuve un sueño. Un sueño con rasgos premonitorios, como si fuera el sueño de un adivino que recibe la esencia sobrenatural de lo que va a acontecer. En mi sueño vi el pasado y vi el futuro. Y vi un pasado donde piloto, segundo, mecánico de abordo, navegante y operador de radio eran los cinco miembros de una tripulación técnica de vuelo. Y los mecánicos ahí estaban para cuidar de las aeronaves. Y vi que gracias al avance tecnológico, se pudo prescindir del operador de radio. Y más tarde de los navegantes. Y los mecánicos ahí estaban para cuidar de las aeronaves. Y hoy día están desapareciendo los técnicos de vuelo. Y la tripulación se estandariza solo con un piloto y un segundo. Y los mecánicos ahí están para cuidar de las aeronaves. En un futuro no muy lejano, quizás dentro de 20 o 30 años, con un solo piloto bastará para volar. Y un tiempo después ya no serán más necesarios. El avión estará diseñado para hacer un vuelo completo perfectamente solo, automático, sin la intervención de ningún piloto. Pero aunque esto suceda, alguien tendrá que mantenerlo. Alguien deberá inspeccionar los sistemas autónomos, las computadoras avanzadas. O al menos alguien deberá de cargar combustible. Por eso en mi sueño el cockpit será modificado. Solo existirá un asiento que será de primera clase, un galley completo, bien equipado y una notebook que se pueda jugar al tetris o al FS4 para rememorar épocas del pasado. Y ese asiento lo ocupará el mecánico, el único tripulante técnico que cumplirá su rol de apoyo. Y adelante, justo debajo de la ventana y al lado del computador primario del monitorización de sistemas, habrá una foto blanco y negro, emblemática y silenciosa, de nuestro primer gran olvidado.

1 comentario:

norberto dijo...

Excelente, maestro.